domingo, 26 de enero de 2020

Un refugio para Clara, de Marta estrada

Un refugio para clara, de Marta Estrada. La discapacidad auditiva no es la mejor comprendida de las deficiencias

 

 

     Me ha sorprendido muy gratamente el enfoque elegido para mostrar al lector en esta obra, Un refugio para Clara, de Marta Estrada, la realidad cotidiana de una discapacidad que no suele ser tampoco la más frecuente en el panorama de la Literatura. Por lo general, las deficiencias de las personas suelen emplearse en el arte como recurso instrumental para introducirnos en el lado indeseado de la naturaleza humana y, por consiguiente, se hacen resaltar los rasgos negativos, incluso dotándoles de aspectos incompatibles con las relaciones sociales y la buena convivencia en sociedad. Por este motivo he elegido hoy la obra de esta autora, que va ya por su tercera novela y mantiene una tendencia creciente de ventas. No en vano ha despertado el interés de las editoriales más renombradas.

            El argumento se resume en cuatro líneas, por supuesto que dejando fuera el meollo de todo lo que representa lo esencial de la obra, en la que lo secundario es lo que se nos muestra y lo fundamental es la atmósfera vital en que nos vemos gratamente envueltos desde el principio hasta el final.

           Clasificada como romántica y erótica, considero que el encasillador del libro ha preferido hacerlo siguiendo intereses comerciales en lugar de resaltar el enfoque social que con toda seguridad quiere dar la autora a su novela. La hija de Clara se queda parapléjica como consecuencia de un accidente de circulación conduciendo su madre, lo que crea en la protagonista un sentimiento de culpa que, sumado a la disolución de su matrimonio tras una larga temporada sufriendo violencia de género y la dedicación absoluta a su hija en el hospital, le llevan a una situación de estrés y la necesidad de tomarse un respiro pasando unos pocos días en un pueblo de los Pirineos descansando aislada del mundo. Pero una tormenta de nieve le hace tomar el rumbo equivocado y le obligará a refugiarse en la cabaña de un hombre de apariencia arisco y taciturno, que le ofrece su ayuda pero que se comporta como si le molestara su presencia. Eric es un joven de treinta y pocos años, con una buena formación académica, deportista y sordo desde la adolescencia. Ese tiempo aislados del mundo serán días en que descubran la forma mejor de comunicarse a pesar de las fricciones de los primeros momentos, surgen los primeros acercamientos, las  pequeñas y grandes complicidades, comparten  sus respectivas experiencias de vida y las mutuas ganas de vivir y redescubrir el amor.

     Un refugio para Clara no es una novela de entretenimiento para leer en la playa o mientras nos damos un baño caliente con espuma de colores. Es una novela que toca temas tan delicados como las minusvalías o el maltrato psicológico, y la aptitud constructiva que nos permitirá superar dificultades y seguir adelante, encontrar la parte positiva de cada situación, y vivir la vida viviéndola. No es un drama intrascendental para pasar un buen rato mientras lo leemos sino un ejemplo de superación y de segundas oportunidades.

           La novela se estructura en cincuenta y siete capítulos, con  un prólogo y un epílogo.

            En términos generales, nos preguntamos si es normal que en el siglo XXI siga siendo necesario el empleo de personajes con discapacidad dotados de facultades impactantes, como suelen ser la mayoría de ellas, en lugar de personajes más adecuados que sirvan como referencia de la diversidad funcional y la riqueza social que están en condiciones de aportar a la sociedad cada uno de los miembros que la constituyen con independencia de sus características individuales y sus sinergias concretas.

      En Un refugio para Clara, la autora refleja un gran conocimiento sobre la realidad de las personas con discapacidad auditiva a través del coprotagonista de su novela, y sobre las habilidades de motricidad y socialización de su hija de pocos años, que maneja su silla de ruedas con la espontaneidad simpática de una niña inquieta que no sabe y no quiere quedarse quieta por nada.

  Marta Estrada pensamos que quiere ir más allá, y que utilizando como metáfora la sordera de Eric nos indica la posibilidad de que sea la propia sociedad quien se muestra sorda, por no decir también ciega, insolidaria y estúpida en el sentido académico de necia y falta de inteligencia. El parsonaje de Eric representa, de una parte, el potencial humano de cualquier persona con independencia de sus circunstancias y, de otra, la responsabilidad colectiva de la sociedad que hace oídos sordos a la realidad diversa que nos constituye como comunidad de seres necesitados de vivir en convivencia, aportando cada uno sus capacidades...

      Está publicada por la editorial Destino, Colección Áncora y Delfín, año 2013, y tiene 444 páginas.

     La página web de la autora la podéis visitar en http://partaestradagalan.es, y en ella encontraréis información sobre sus restantes novelas, comentarios de sus seguidores, microcuentos y otros muchos contenidos. Seguro que os gusta.

 

 

Némesis, de Philip Roth

Némesis, de Philip Roth. Una novela en clave de moraleja

 

 

     El norteamericano Philip Roth, 1933-2018, ha pasado a la historia de la literatura universal como uno de esos escritores de altura que murieron sin el reconocimiento del Premio Nobel a pesar de haber alcanzado sobrados méritos para conseguirlo. Un caso parecido al del escritor español     Pérez Galdós, contra quien hizo labor de zapa la Iglesia debido a su conocido anticlericalismo. Respecto a Philip Roth la posible causa de su rechazo fue su comportamiento provocador hacia las convenciones sociales y su atrevimiento para tatar en sus novelas situaciones de índole sexual ligeramente más avanzadas a lo políticamente correcto en el momento de su publicación. El otro gran tema de su producción ers el nacionalismo estadounidense como valor patriótico, pero voy a centrarme en la obra de la que quiero hablar sin alargarme en preámbulos.

     Hace unos años leí su novela Némesis, y a pesar del paso del tiempo todavía hoy me sorprendo de vez en cuando dándole vueltas, dilucidando, sobre el dilema existencial que se desarrolla a lo largo de la trama. El trasfondo del argumento es el sentimiento de culpa que tocos hemos experimentado alguna vez sin que nos sintamos directamente responsable de los hechos que nos apesadumbran, pero con un enfoque que me sorprendió y no me dejó indiferente. En Newark una terrible epidemia está causando estragos, amenazando a los hijos de la ciudad de Nueva Jersey con parálisis, invalidez crónica y la muerte. Una epidemia de polio durante el verano de 1944. Roth retrata a sus personajes librando su propia batalla personal contra la epidemia, temiendo la aparición de sus síntomas y desconociendo el modo de prestar voluntariado social y, al tiempo, ponerse a salvo de su peligrosidad.

     El protagonista et un joven que le han rechazado como soldado para participar en la Segunda Guerra Mundial debido a su debilidad visual, y decide prestar servicio social en los campamentos de verano que han organizado para los escolares en zonas alejadas de la ciudad para librarlos del contagio de la epidemia. Esta experiencia, en contacto con los hijos de las familias más pudientes, que son las que pueden permitirse protefer a sus hijos pagándoles la estancia, deja al descubierto conflictos morales que no sabe resolver en su fuero interno. ¿Está ayudando lo suficiente? ¿Pocría hacer más de lo que está haciendo? ¿Es justo la distribución desigual de la solidaridad en funciones de los bienes materiales de los ciudadanos? ¿qué decisiones determinan fatalmente la vida? ¿Hasta qué punto somos impotentes ante las circunstancias? Su sentimiento de culpa es mucho más sutil y llega mucho más lejos. La obra de Philip Roth, en la doble retrospectiva en que se nos presenta, nos obliga a interiorizar también a nosotros en el problema y nos hace pensar si cada uno, en la medida de nuestras propias circunstancias personales, adoptamos en cada situación la decisión más acorde con nuestros principios, y, fundamentalmente, si habríamos podido tomar otras decisiones.

     Una obra de fácil lectura, escrita en tercera persona para lograr cierta objetividad sobre la situación expuesta, actúa en el lector como una llave de la conciencia. Posiblemente las contingencias humanas sucedan sin causa que las hagan inteligibles racionalmente, y nosotros seamos sólo sujesos pasivos de sus consecuencias.

Algunas de sus obras son: Pastoral americana (1997), Me casé con un comunista (1998), La mancha humana (2000), El animal moribundo (2001), La humillación (2009).

     Entre los muchos reconocimientos que ha recibido por su obras se encuentra el Premio Pulitzer por Pastoral americana, en 1998, y el Premio Príncipe de Asturias de las Letras, en el año 2012. Después de una trayectoria tan dilatada y haber obtenido el reconocimiento más unánime de sus lectores como lo demuestra tanto su popularidad en Estados Unidos como el resultado de la venta de sus libros, el hecho de que se le haya negado durante décadas la consagración del Premio Nobel puede representar algo secundario. Se cuenta que uno de los miembros del jurado encargado de su concesión le tenía vetado por su patriotismo americano y por el tratamiento explícito sin prejuicios de la sexualidad en sus obras.

 

     Nosotros, si queremos indagar en los temas sociales de su producción y en los principios morales que impregnan su obra, Némesis, publicada en el año 2011, puede ser una buena propuesta.

 

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NéMESIS

ROTH, PHILIP

 

?Editorial MONDADORI

?Año de edición 2011

?ISBN: 978-84-3972-333-2.

 

lunes, 23 de septiembre de 2019

Protagonismo de las mujeres samis del reno

Ensayo sobre la participación social de las mujeres samis del reno

 

  

            La etnografía de Solveig Jooks sobre Las mujeres samis del reno estudia la actividad del reno como una acción cultural de los hombres y mujeres que interactúan en ella, con independencia de la falta de reconocimiento de la acción de las mujeres por parte de las políticas públicas del Gobierno. De este modo, Jooks centra su trabajo en la descripción argumental de una forma de vida social, haciendo visible el conjunto de reglas con cuyo uso las personas (hombres y mujeres) dan forma a las relaciones que mantienen entre sí en su vida y su acción social. En este marco teórico el concepto de grupo social adquiere una connotación más próxima a la de agente que interactúa que al exclusivo interés clasificatorio del sujeto anclado como objeto estático de estudio. Vamos por partes:

            Un agente es un individuo de carne y hueso, con nombre propio, que realiza una acción, que  tiene sentimientos, se relaciona con otras personas y hace cosas. En el fragmento de Joks de las páginas 27 y 28, se refiere a Anne, Biret y Elle como agentes que realizan su acción como infatigables trabajadoras del reno., puesto que el material empírico recogido en su investigación prueba que con el conjunto de reglas y actividades que desarrollan contribuyen a las relaciones y acciones sociales de la actividad del reno. Anne, Biret y Elle, como agentes, tienen condición de actuantes en su entorno emic.

 

            Un sujeto es una etiqueta clasificatoria que el investigador adjudica a las personas del campo de estudio en la mesa de trabajo con fines analíticos. Ejemplos de sujetos en Las mujeres samis del reno pueden ser la categoría clasificatoria de las mujeres samis, los hombres samis, los niños, los docentes de la escuela pública...

 

            La etnógrafa introduce el concepto de "grupo social" como colectivo interrelacionado que desarrolla reglas de costumbres que constituyen una forma de vida, que hacen cosas y tienen experiencias similares, y al mismo tiempo atribuye a los miembros del grupo social etiquetas clasificatorias basadas en la edad, el género o la formación profesional.

             El grupo (sujeto) está constituido por "individuos" (agentes) que son los que realizan la acción. Aunque estas acciones pueden ser comunes son acciones producidas, ejecutadas por agentes individuales. Esas acciones comunes identifican al grupo y le confieren una identidad, que aunque son acciones producidas de forma individual por los agentes, es necesario que se produzcan dentro del grupo para poder desarrollar la actividad del reno como forma de vida.

            El agente puede ser parte de varios grupos sociales (sujeto), según el tipo de acción que desarrolle, pudiendo ejecutar acciones en el hogar trashumante o en la siida, como miembro del grupo de la actividad del reno, o interactuar en el colegio de sus hijos como representante de la asociación de padres y madres de los alumnos. Del mismo modo, un niño puede colaborar en la separación de reses en el orahat, o asistir a la escuela.

             El agente puede salir, entrar o desplazarse de un grupo a otro, dependiendo de la acción que desarrolle en cada momento, en función asimismo de sus necesidades personales y en función de las necesidades del grupo en cuestión.

            Diríamos que Solveig Jooks utiliza el concepto de "grupo social" atribuyéndole una categoría analítica conmutante al dotarle de capacidad de acción y de sujeto referencial. Se basa para ello en el tratamiento del material empírico recogido, que le permite producir la información antropológica relativa a la actividad del reno como forma de vida sólo posible mediante las acciones realizadas por "los hombres", "las mujeres y "los niños" que constituyen indisolublemente el "grupo social" de la actividad del reno.

 

jueves, 31 de enero de 2019

Colinas como elefantes blancos

 

Colinas como elefantes blancos

 

Ernest Hemingway

 

 

Del otro lado del valle del Ebro, las colinas eran largas y blancas. De este lado no había sombra ni árboles y la estación se alzaba al rayo del sol, entre dos líneas de rieles. Junto a la pared de la estación caía la sombra tibia del edificio y una cortina de cuentas de bambú colgaba en el vano de la puerta del bar, para que no entraran las moscas. Elnorteamericano y la muchacha que iba con él tomaron asiento en una mesa a la sombra, fuera del edificio. Hacía mucho calor y el expreso de Barcelona llegaría en cuarenta minutos. Se detenía dos minutos en este entronque y luego seguía hacia Madrid.

 

 

-¿Qué tomamos? -preguntó la muchacha. Se había quitado el sombrero y lo había puesto sobre la mesa.

 

-Hace calor -dijo el hombre.

 

-Tomemos cerveza.

 

-Dos cervezas -dijo el hombre hacia la cortina.

 

-¿Grandes? -preguntó una mujer desde el umbral.

 

-Sí. Dos grandes.

 

La mujer trajo dos tarros de cerveza y dos portavasos de fieltro. Puso en la mesa los portavasos y los tarros y miró al hombre y a la muchacha. La muchacha miraba la hilera de colinas. Eran blancas bajo el sol y el campo estaba pardo y seco.

 

-Parecen elefantes blancos -dijo.

 

-Nunca he visto uno -el hombre bebió su cerveza.

 

-No, claro que no.

 

-Nada de claro -dijo el hombre-. Bien podría haberlo visto.

 

La muchacha miró la cortina de cuentas.

 

-Tiene algo pintado -dijo-. ¿Qué dice?

 

-Anís del Toro. Es una bebida.

 

-¿Podríamos probarla?

 

-Oiga -llamó el hombre a través de la cortina.

 

La mujer salió del bar.

 

-Cuatro reales.

 

-Queremos dos de Anís del Toro.

 

-¿Con agua?

 

-¿Lo quieres con agua?

 

-No sé -dijo la muchacha-. ¿Sabe bien con agua?

 

-No sabe mal.

 

-¿Los quieren con agua? -preguntó la mujer.

 

-Sí, con agua.

 

-Sabe a orozuz -dijo la muchacha y dejó el vaso.

 

-Así pasa con todo.

 

-Sí-dijo la muchacha-. Todo sabe a orozuz. Especialmente las cosas que uno ha esperado tanto tiempo, como el ajenjo.

 

-Oh, basta ya.

 

-Tú empezaste -dijo la muchacha-. Yo me divertía. Pasaba un buen rato.

 

-Bien, tratemos de pasar un buen rato.

 

-De acuerdo. Yo trataba. Dije que las montañas parecían elefantes blancos. ¿No fue ocurrente?

 

-Fue ocurrente.

 

-Quise probar esta bebida. Eso es todo lo que hacemos, ¿no? ¿Mirar cosas y probar bebidas?

 

-Supongo.

 

La muchacha contempló las colinas.

 

-Son preciosas colinas -dijo-. En realidad no parecen elefantes blancos. Sólo me refería al color de su piel entre los árboles.

 

-¿Tomamos otro trago?

 

-De acuerdo.

 

El viento cálido empujaba contra la mesa la cortina de cuentas.

 

-La cerveza está buena y fresca -dijo el hombre.

 

-Es preciosa -dijo la muchacha.

 

-En realidad se trata de una operación muy sencilla, Jig -dijo el hombre-. En realidad no es una operación.

 

La muchacha miró el piso donde descansaban las patas de la mesa.

 

-Yo sé que no te va a afectar, Jig. En realidad no es nada. Sólo es para que entre el aire.

 

La muchacha no dijo nada.

 

-Yo iré contigo y estaré contigo todo el tiempo. Sólo dejan que entre el aire y luego todo es perfectamente natural.

 

-¿Y qué haremos después?

 

-Estaremos bien después. Igual que como estábamos.

 

-¿Qué te hace pensarlo?

 

-Eso es lo único que nos molesta. Es lo único que nos hace infelices.

 

La muchacha miró la cortina de cuentas, extendió la mano y tomó dos de las sartas.

 

-Y piensas que estaremos bien y seremos felices.

 

-Lo sé. No debes tener miedo. Conozco mucha gente que lo ha hecho.

 

-Yo también -dijo la muchacha-. Y después todos fueron tan felices.

 

-Bueno -dijo el hombre-, si no quieres no estás obligada. Yo no te obligaría si no quisieras. Pero sé que es perfectamente sencillo.

 

-¿Y tú de veras quieres?

 

-Pienso que es lo mejor. Pero no quiero que lo hagas si en realidad no quieres.

 

-Y si lo hago, ¿serás feliz y las cosas serán como eran y me querrás?

 

-Te quiero. Tú sabes que te quiero.

 

-Sí, pero si lo hago, ¿volverá a parecerte bonito que yo diga que las cosas son como elefantes blancos?

 

-Me encantará. Me encanta, pero en estos momentos no puedo disfrutarlo. Ya sabes cómo me pongo cuando me preocupo.

 

-Si lo hago, ¿nunca volverás a preocuparte?

 

-No me preocupará que lo hagas, porque es perfectamente sencillo.

 

-Entonces lo haré. Porque yo no me importo.

 

-¿Qué quieres decir?

 

-Yo no me importo.

 

-Bueno, pues a mí sí me importas.

 

-Ah, sí. Pero yo no me importo. Y lo haré y luego todo será magnífico.

 

-No quiero que lo hagas si te sientes así.

 

La muchacha se puso en pie y caminó hasta el extremo de la estación. Allá, del otro lado, había campos de grano y árboles a lo largo de las riberas del Ebro. Muy lejos, más allá del río, había montañas. La sombra de una nube cruzaba el campo de grano y la muchacha vio el río entre los árboles.

 

-Y podríamos tener todo esto -dijo-. Y podríamos tenerlo todo y cada día lo hacemos más imposible.

 

-¿Qué dijiste?

 

-Dije que podríamos tenerlo todo.

 

-Podemos tenerlo todo.

 

-No, no podemos.

 

-Podemos tener todo el mundo.

 

-No, no podemos.

 

-Podemos ir adondequiera.

 

-No, no podemos. Ya no es nuestro.

 

-Es nuestro.

 

-No, ya no. Y una vez que te lo quitan, nunca lo recobras.

 

-Pero no nos los han quitado.

 

-Ya veremos tarde o temprano.

 

-Vuelve a la sombra -dijo él-. No debes sentirte así.

 

-No me siento de ningún modo -dijo la muchacha-. Nada más sé cosas.

 

-No quiero que hagas nada que no quieras hacer…

 

-Ni que no sea por mi bien -dijo ella-. Ya sé. ¿Tomamos otra cerveza?

 

-Bueno. Pero tienes que darte cuenta…

 

-Me doy cuenta -dijo la muchacha.- ¿No podríamos callarnos un poco?

 

Se sentaron a la mesa y la muchacha miró las colinas en el lado seco del valle y el hombre la miró a ella y miró la mesa.

 

-Tienes que darte cuenta -dijo- que no quiero que lo hagas si tú no quieres. Estoy perfectamente dispuesto a dar el paso si algo significa para ti.

 

-¿No significa nada para ti? Hallaríamos manera.

 

-Claro que significa. Pero no quiero a nadie más que a ti. No quiero que nadie se interponga. Y sé que es perfectamente sencillo.

 

-Sí, sabes que es perfectamente sencillo.

 

-Está bien que digas eso, pero en verdad lo sé.

 

-¿Querrías hacer algo por mi?

 

-Yo haría cualquier cosa por ti.

 

-¿Querrías por favor por favor por favor por favor callarte la boca?

 

Él no dijo nada y miró las maletas arrimadas a la pared de la estación. Tenían etiquetas de todos los hoteles donde habían pasado la noche.

 

-Pero no quiero que lo hagas -dijo-, no me importa en absoluto.

 

-Voy a gritar -dijo la muchacha.

 

La mujer salió de la cortina con dos tarros de cerveza y los puso en los húmedos portavasos de fieltro.

 

-El tren llega en cinco minutos -dijo.

 

-¿Qué dijo? -preguntó la muchacha.

 

-Que el tren llega en cinco minutos.

 

La muchacha dirigió a la mujer una vívida sonrisa de agradecimiento.

 

-Iré llevando las maletas al otro lado de la estación -dijo el hombre. Ella le sonrió.

 

-De acuerdo. Ven luego a que terminemos la cerveza.

 

Él recogió las dos pesadas maletas y las llevó, rodeando la estación, hasta las otras vías. Miró a la distancia pero no vio el tren. De regresó cruzó por el bar, donde la gente en espera del tren se hallaba bebiendo. Tomó un anís en la barra y miró a la gente. Todos esperaban razonablemente el tren. Salió atravesando la cortina de cuentas. La muchacha estaba sentada y le sonrió.

 

-¿Te sientes mejor? -preguntó él.

 

-Me siento muy bien -dijo ella-. No me pasa nada. Me siento muy bien.

 

FIN

viernes, 18 de enero de 2019

La vida es sueño

La vida es sueño

 

ROSAURA:      Hipogrifo violento

  que corriste parejas con el viento,

  ¿dónde, rayo sin llama,

  pájaro sin matiz, pez sin escama,

  y bruto sin instinto

  natural, al confuso laberinto

  de esas desnudas peñas

  te desbocas, te arrastras y despeñas?

  Quédate en este monte,

  donde tengan los brutos su Faetonte;

  que yo, sin más camino

  que el que me dan las leyes del destino,

  ciega y desesperada

  bajaré la cabeza enmarañada

  de este monte eminente,

  que arruga al sol el ceño de su frente.

  Mal, Polonia, recibes

  a un extranjero, pues con sangre escribes

  su entrada en tus arenas,

  y apenas llega, cuando llega a penas;

  bien mi suerte lo dice;

  mas ¿dónde halló piedad un infelice?

 

       Sale CLARÍN, gracioso

 

 

CLARÍN:    Di dos, y no me dejes

  en la posada a mí cuando te quejes;

  que si dos hemos sido

  los que de nuestra patria hemos salido

  a probar aventuras,

  dos los que entre desdichas y locuras

  aquí habemos llegado,

  y dos los que del monte hemos rodado,

  ¿no es razón que yo sienta

  meterme en el pesar, y no en la cuenta?

ROSAURA:   No quise darte parte

  en mis quejas, Clarín, por no quitarte,

  llorando tu desvelo,

  el derecho que tienes al consuelo.

  Que tanto gusto había

  en quejarse, un filósofo decía,

  que, a trueco de quejarse,

  habían las desdichas de buscarse.

CLARÍN:    El filósofo era

  un borracho barbón; ¡oh, quién le diera

  más de mil bofetadas!

  Quejárase después de muy bien dadas.

  Mas ¿qué haremos, señora,

  a pie, solos, perdidos y a esta hora

  en un desierto monte,

  cuando se parte el sol a otro horizonte?

ROSAURA:   ¿Quién ha visto sucesos tan extraños!

  Mas si la vista no padece engaños

  que hace la fantasía,

  a la medrosa luz que aun tiene el día,

  me parece que veo

  un edificio.

CLARÍN:       O miente mi deseo,

  o termino las señas.

ROSAURA:   Rústico nace entre desnudas peñas

  un palacio tan breve

  que el sol apenas a mirar se atreve;

  con tan rudo artificio

  la arquitectura está de su edificio,

  que parece, a las plantas

  de tantas rocas y de peñas tantas

  que al sol tocan la lumbre,

  peñasco que ha rodado de la cumbre.

CLARÍN:    Vámonos acercando;

  que éste es mucho mirar, señora, cuando

  es mejor que la gente

  que habita en ella, generosamente

  nos admita.

ROSAURA:       La puerta

  --mejor diré funesta boca--abierta

  está, y desde su centro

  nace la noche, pues la engendra dentro.

 

      Suena ruido de cadenas

 

 

CLARÍN:    ¿Qué es lo que escucho, cielo!

ROSAURA:   Inmóvil bulto soy de fuego y hielo.

CLARÍN:    ¿Cadenita hay que suena?

  Mátenme, si no es galeote en pena.

  Bien mi temor lo dice.

 

         Dentro SEGISMUNDO

 

 

SEGISMUNDO:¡Ay, mísero de mí, y ay infelice!

ROSAURA:   ¡Qué triste vos escucho!

  Con nuevas penas y tormentos lucho.

CLARÍN:    Yo con nuevos temores.

ROSAURA:   Clarín...

CLARÍN:    ¿Señora...?

ROSAURA:   Huyamos los rigores

  de esta encantada torre.

CLARÍN:     Yo aún no tengo

  ánimo de huír, cuando a eso vengo.

ROSAURA:   ¿No es breve luz aquella

  caduca exhalación, pálida estrella,

  que en trémulos desmayos

  pulsando ardores y latiendo rayos,

  hace más tenebrosa

  la obscura habitación con luz dudosa?

  Sí, pues a sus reflejos

  puedo determinar, aunque de lejos,

  una prisión obscura;

  que es de un vivo cadáver sepultura;

  y porque más me asombre,

  en el traje de fiera yace un hombre

  de prisiones cargado

  y sólo de la luz acompañado.

  Pues huír no podemos,

  desde aquí sus desdichas escuchemos.

  Sepamos lo que dice.

 

Descúbrese SEGISMUNDO con una cadena y la luz vestido de

pieles

 

 

SEGISMUNDO:¡Ay mísero de mí, y ay infelice!

     Apurar, cielos, pretendo,

  ya que me tratáis así,

  qué delito cometí

  contra vosotros naciendo.

  Aunque si nací, ya entiendo

  qué delito he cometido;

  bastante causa ha tenido

  vuestra justicia y rigor,

  pues el delito mayor

  del hombre es haber nacido.

     Sólo quisiera saber

  para apurar mis desvelos

  --dejando a una parte, cielos,

  el delito del nacer--,

  ¿qué más os pude ofender,

  para castigarme más?

  ¿No nacieron los demás?

  Pues si los demás nacieron,

  ¿qué privilegios tuvieron

  que no yo gocé jamás?

    Nace el ave, y con las galas

  que le dan belleza suma,

  apenas es flor de pluma,

  o ramillete con alas,

  cuando las etéreas salas

  corta con velocidad,

  negándose a la piedad

  del nido que dejan en calma;

  ¿y teniendo yo más alma,

  tengo menos libertad?

     Nace el bruto, y con la piel

  que dibujan manchas bellas,

  apenas signo es de estrellas

  --gracias al docto pincel--,

  cuando, atrevido y crüel,

  la humana necesidad

  le enseña a tener crueldad,

  monstruo de su laberinto;

  ¿y yo, con mejor instinto,

  tengo menos libertad?

     Nace el pez, que no respira,

  aborto de ovas y lamas,

  y apenas bajel de escamas

  sobre las ondas se mira,

  cuando a todas partes gira,

  midiendo la inmensidad

  de tanta capacidad

 como le da el centro frío;

  ¿y yo, con  más albedrío,

  tengo menos libertad?

     Nace el arroyo, culebra

  que entre flores se desata,

  y apenas sierpe de plata,

  entre las flores se quiebra,

  cuando músico celebra

  de las flores la piedad

  que le dan la majestad

  del campo abierto a su huída;

  ¿y teniendo yo más vida,

  tengo menos libertad?

     En llegando a esta pasión,

  un volcán, un Etna hecho,

  quisiera sacar del pecho

  pedazos del corazón.

  ¿Qué ley, justicia o razón

  negar a los hombres sabe

  privilegios tan süave

  excepción tan principal,

  que Dios le ha dado a un cristal,

  a un pez, a un bruto y a un ave?

ROSAURA:      Temor y piedad en mí

  sus razones han causado.

SEGISMUNDO:¿Quién mis voces ha escuchado?

  ¿Es Clotaldo?

CLARÍN:          Di que sí.

ROSAURA:   No es sino un triste, ¡ay de mí!,

  que en estas bóvedas frías

  oyó tus melancolías.

SEGISMUNDO:Pues la muerte te daré

  porque no sepas que sé

  que sabes flaquezas mías.

     Sólo porque me has oído,

  entre mis membrudos brazos

  te tengo de hacer pedazos.

CLARÍN:    Yo soy sordo, y no he podido

  escucharte.

ROSAURA:      Si has nacido

  humano, baste el postrarme

  a tus pies para librarme.

SEGISMUNDO:Tu voz pudo enternecerme,

  tu presencia suspenderme,

  y tu respeto turbarme.

     ¿Quién eres?  Que aunque yo aquí

  tan poco del mundo sé,

  que cuna y sepulcro fue

  esta torre para mí;

  y aunque desde que nací

  --si esto es nacer-- sólo advierto

  eres rústico desierto

  donde miserable vivo,

  siendo un esqueleto vivo,

  siendo un animado muerte.

     Y aunque nunca vi ni hablé

  sino a un hombre solamente

  que aquí mis desdichas siente,

  por quien las noticias sé

  del cielo y tierra; y aunque

  aquí, por que más te asombres

  y monstruo humano me nombres,

  este asombros y quimeras,

  soy un hombre de las fieras

  y una fiera de los hombres.

     Y aunque en desdichas tan graves,

  la política he estudiado,

  de los brutos enseñado,

  advertido de las aves,

  y de los astros süaves

  los círculos he medido,

  tú sólo, tú has suspendido

  la pasión a mis enojos,

  la suspensión a mis ojos,

  la admiración al oído.

     Con cada vez que te veo

  nueva admiración me das,

  y cuando te miro más,

  aun más mirarte deseo.

  Ojos hidrópicos creo

  que mis ojos deben ser;

  pues cuando es muerte el beber,

  beben más, y de esta suerte,

  viendo que el ver me da muerte,

  estoy muriendo por ver.

     Pero véate yo y muera;

  que no sé, rendido ya,

  si el verte muerte me da,

  el no verte ¿qué me diera?

  Fuera más que muerte fiera,

  ira, rabia y dolor fuerte

  fuera vida.  De esta suerte

  su rigor he ponderado,

  pues dar vida a una desdichado

  es dar a un dichoso muerte.

ROSAURA:      Con asombro de mirarte,

  con admiración de oírte,

  ni sé qué pueda decirte,

  ni qué pueda preguntarte;

  sólo diré que a esta parte

  hoy el cielo me ha guïado

  para haberme consolado,

  si consuelo puede ser

  del que es desdichado, ver

  a otro que es más desdichado.

     Cuentan de un sabio que un día

  tan pobre y  mísero estaba,

  que sólo se sustentaba

  de unas yerbas que comía.

  ¿Habrá otro --entre sí decía--

  más pobre y triste que yo?

  Y cuando el rostro volvió,

  halló la respuesta, viendo

  que iba otro sabio cogiendo

  las hojas que él arrojó.

     Quejoso de la fortuna

  yo en este mundo vivía,

  y cuando entre mí decía:

  ¿Habrá otra persona alguna

  de suerte más importuna?,

  piadoso me has respondido;

  pues volviendo en mi sentido,

  hallo que las penas mías,

  para hacerlas tú alegrías

  las hubieras recogido.

 

     Y por si acaso mis penas

  pueden aliviarte en parte,

  óyelas atento, y toma

  las que de ellas no sobraren.

  Yo soy...

 

El conde Lucanor, cuento X

 

Lo que ocurrió a un hombre que por pobreza y falta de otro alimento comía altramuces.

 

Otro día hablaba el conde Lucanor con Patronio de este modo:

 

–Patronio, bien sé que Dios me ha dado tantos bienes y mercedes que yo no puedo agradecérselos como debiera, y sé también que mis propiedades son ricas y extensas; pero a veces me siento tan acosado por la pobreza que me da igual la muerte que la vida.

 

Os pido que me deis algún consejo para evitar esta congoja.

 

–Señor conde Lucanor –dijo Patronio–, para que encontréis consuelo cuando eso os ocurra, os convendría saber lo que les ocurrió a dos hombres que fueron muy ricos.

 

El conde le pidió que le contase lo que les había sucedido.

 

–Señor conde Lucanor –dijo Patronio–, uno de estos hombres llegó a tal extremo de pobreza que no tenía absolutamente nada que comer.

 

Después de mucho esforzarse para encontrar algo con que alimentarse, no halló sino una escudilla llena de altramuces.

 

Al acordarse de cuán rico había sido y verse ahora hambriento, con una escudilla de altramuces como única comida, pues sabéis que son tan amargos y tienen tan mal sabor, se puso a llorar amargamente; pero, como tenía mucha hambre, empezó a comérselos y, mientras los comía, seguía llorando y las pieles las echaba tras de sí.

 

Estando él con este pesar y con esta pena, notó que a sus espaldas caminaba otro hombre y, al volver la cabeza, vio que el hombre que le seguía estaba comiendo las pieles de los altramuces que él había tirado al suelo.

 

Se trataba del otro hombre de quien os dije que también había sido rico.

 

Cuando aquello vio el que comía los altramuces, preguntó al otro por qué se comía las pieles que él tiraba.

 

El segundo le contestó que había sido más rico que él, pero ahora era tanta su pobreza y tenía tanta hambre que se alegraba mucho si encontraba, al menos, pieles de altramuces con que alimentarse.

 

Al oír esto, el que comía los altramuces se tuvo por consolado, pues comprendió que había otros más pobres que él, teniendo menos motivos para desesperarse.

 

Con este consuelo, luchó por salir de su pobreza y, ayudado por Dios, salió de ella y otra vez volvió a ser rico.

 

Y vos, señor conde Lucanor, debéis saber que, aunque Dios ha hecho el mundo según su voluntad y ha querido que todo esté bien, no ha permitido que nadie lo posea todo.

 

Mas, pues en tantas cosas Dios os ha sido propicio y os ha dado bienes y honra, si alguna vez os falta dinero o estáis en apuros, no os pongáis triste ni os desaniméis, sino pensad que otros más ricos y de mayor dignidad que vos estarán tan apurados que se sentirían felices si pudiesen ayudar a sus vasallos, aunque fuera menos de lo que vos lo hacéis con los vuestros.

 

Al conde le agradó mucho lo que dijo Patronio, se consoló y, con su esfuerzo y con la ayuda de Dios, salió de aquella penuria en la que se encontraba.

 

Y viendo don Juan que el cuento era muy bueno, lo mandó poner en este libro e hizo los versos que dicen así:

 

"Por padecer pobreza nunca os desaniméis,

porque otros más pobres un día encontraréis".

Don Juan Manuel

El hombre que no tenía camisa

La camisa del hombre feliz

 

León Tolstoi

 

(1828-1910)

 

 

 


 

LA CAMISA DEL HOMBRE FELIZ

 

 

 

En las lejanas tierras del norte, hace mucho tiempo, vivió un zar

que enfermó gravemente. Reunió a los mejores médicos de todo

el imperio, que le aplicaron todos los remedios que conocían y

otros nuevos que inventaron sobre la marcha, pero lejos de

mejorar, el estado del zar parecía cada vez peor. Le hicieron

tomar baños calientes y fríos, ingirió jarabes de eucalipto,

menta y plantas exóticas traídas en caravanas de lejanos países.

 

Le aplicaron ungüentos y bálsamos con los ingredientes más

insólitos, pero la salud del zar no mejoraba. Tan desesperado

estaba el hombre que prometió la mitad de lo que poseía a

quien fuera capaz de curarle.

 

El anuncio se propagó rápidamente, pues las pertenencias del

gobernante eran cuantiosas, y llegaron médicos, magos y

curanderos de todas partes del globo para intentar devolver la

salud al zar. Sin embargo fue un trovador quien pronunció:

 

—Yo sé el remedio: la única medicina para vuestros males,

Señor. Sólo hay que buscar a un hombre feliz: vestir su camisa

es la cura a vuestra enfermedad.

 

Partieron emisarios del zar hacia todos los confines de la tierra,

pero encontrar a un hombre feliz no era tarea fácil: aquel que

tenía salud echaba en falta el dinero, quien lo poseía, carecía de

amor, y quien lo tenía se quejaba de los hijos.

 

Sin embargo, una tarde, los soldados del zar pasaron junto a

una pequeña choza en la que un hombre descansaba sentado

junto a la lumbre de la chimenea:

 

—¡Qué bella es la vida! Con el trabajo realizado, una salud de

hierro y afectuosos amigos y familiares ¿qué más podría pedir?

 

Al enterarse en palacio de que, por fin, habían encontrado un

hombre feliz, se extendió la alegría. El hijo mayor del zar

ordenó inmediatamente:

 


 

—Traed prestamente la camisa de ese hombre. ¡Ofrecedle a

cambio lo que pida!

 

En medio de una gran algarabía, comenzaron los preparativos

para celebrar la inminente recuperación del gobernante.

 

Grande era la impaciencia de la gente por ver volver a los

emisarios con la camisa que curaría a su gobernante, mas,

cuando por fin llegaron, traían las manos vacías:

 

—¿Dónde está la camisa del hombre feliz? ¡Es necesario que la

vista mi padre!

 

—Señor -contestaron apenados los mensajeros-, el hombre feliz

no tiene camisa.